Os voy a contar una cosa que me pasó cuando era pequeño. Tendría unos 7 u 8 años más o menos.
Os pongo en situación: siete de la tarde, yo jugando a las canicas en un parque de mi pueblo con unos amigos, equipado con el pantalón corto y la camiseta del Real Madrid, lleno de tierra, con deportivos sucios (de estar la tarde entera arrastrándome por allí) y con el pelo alborotao (con el remolino característico en mí que no se me quita ni a la de tres). En fin, como veis, hecho un andrajo y listo para que mi madre me metiera directo a la lavadora.
Se supone que al único sitio que debería haber ido desde allí era a mi casa porque parecía un indigente, ¿a que sí?... ¡Pues no!
Resulta que se presenta allí otro amigo con su madre, le saludo y me dice que de allí se va a un sitio con su madre y me pregunta si me voy con él. (¿su madre no vio que iba indecente?) Yo encantado. Y así nos vamos mi amigo, su madre, mi pelota de reglamento, la bolsa de las canicas, y yo con más mierda que el palo de un gallinero.
De allí, nos vamos a un sitio donde hay mucha gente elegante, muchos niños muy monos con sus equipaciones de fútbol impolutas y yo con ellos. Pues resulta... que estaba en el local con más glamour del pueblo con la gente mas pija preparándose para ver...
Síiiiiiiiii... UN DESFILE DE EQUIPACIONES DEPORTIVAS. Y allí estoy yo con la segunda equipación del Madrid (no porque fuera la segunda equipación, sino porque era entre marrón y gris y ya no era blanca). Si fuera de otro equipo..., pero da la casualidad que la del Madrid es blanca.
Detrás del escenario, en un cuarto, nos estaban preparando para el desfile (¿nadie tuvo compasión de mi?).
Allá que salen todos en orden (muy coquetos ellos), paseo para allá, vuelta, regreso, aplauso... Y allá que voy yo, que no sabía lo que pasaba ni a donde iba. Salgo, veo a toda esa gente sentada, elegante, expectante, yo acojonao porque soy de lo más vergonzoso del mundo... Pues se hizo un poco el silencio, algún gesto de asombro, alguna sonrisa... y de entre la gente veo una cara que me es familiar. Es mi tía que había ido a ver ese desfile tan mono (y acabó viendo al mono de su sobrino). Todavía no se me ha olvidado la cara que puso.
Pues eso, salgo, ando, me acojono, veo a mi tía, giro, vuelvo y me meto al cuarto.
Cuando vuelvo, no pasa ni un minuto y mi tía ya estaba allí. Un poco alterada la mujer y medio descojonada (vamos que le daba la risa tonta), me pregunta qué hacía allí y acaba llevándome a su casa.
Ya desde allí llama a mi casa. Habla con mi madre y le dice: “¿A que no sabes a quien tengo aquí? A la perla de tu hijo”. “¿Pero dónde se ha metido el borde?”, dice mi madre.... Bueno, finalmente llego a mi casa. Cuando llegué, mi madre no paraba de decirme: “Pero, ¿cómo se te ocurre? Si sólo te hubieras peinado... Podrías haber ido a casa de la tía para peinarte. Si sólo te hubieras peinado...” Y yo mirando al suelo, con mi pantalón corto, mi camiseta, mi balón (no sé qué pasó con las canicas), lleno de suciedad desde la cabeza hasta los pies... y sin saber qué pasaba.
Yo no me había enterado de lo que había pasado, es decir, había hecho el gilipollas sin haberme dado cuenta. Yo tan feliz con la camiseta del Madrid. “Sí. Es mi equipo ¿Qué pasa?”, debí pensar. Eso sí es llevar la camiseta con orgullo, no como los de ahora!
Todavía, cuando mi madre se acuerda de lo que pasó aquel día me dice: “Ay... si te hubieras peinado...”. Yo sin embargo, me acuerdo de la madre de mi amigo y de los que estaban en ese cuarto y no me dijeron: “Anda rey, por lo menos péinate!”
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